miércoles, 26 de diciembre de 2012

África. Marruecos. Marrakech. Atlas. Taghia. Viaje con Lahcen Bouredda. Parte IV

Lahcen Bouredda y Consuelo Amorós esquivan el assif Taguia.
Foto Sevi Bohórquez


Vuelta desde Taguia hasta Marrakech

Desayunamos en Taghia casi lo mismo que la mañana anterior en Zaouïat Ahansal. Con las mochilas a la espalda nos despedimos de todos y bajamos deprisa bajo la lluvia. Queremos llegar a Marrakech esta tarde.

Sorteamos el río trepando por la roca, mojada, bastante resbaladiza para las desgastadas suelas de nuestras botas. Nos detenemos a veces, demasiados detalles del paisaje que ayer vimos con luz solar atraen nuestra atención hoy entre brumas y llovizna intermitente.

En Ahansal tomamos té con Mohamed Amagar, que nos sugiere partir pronto si no queremos quedar bloqueados por la nieve. Arrecia el temporal a medida que ascendemos en el coche al puerto por la pista embarrada. Sin cadenas en las ruedas, el resolutivo Lahcen conduce con habilidad sobre algunas placas de hielo y la nieve que roza los bajos del vehículo.

Lahcen Boureda espera que un camión quitanieves despeje la carretera del tizi N'llissi (2606 m) hacia Azilal.
Foto Consuelo Amorós


Tememos una gélida noche sin sacos de dormir en las laderas noroeste del Azourki o del Aroudane. Aunque faltos de visibilidad, vemos a tiempo dos camiones de nómadas bereberes parados que impiden el paso en el primer puerto. Por suerte podemos esquivarlos. Suspiramos aliviados al bajar del segundo puerto, sube de frente un camión quitanieves.

Bajo densos nubarrones negros intuimos el atardecer. Apenas llueve cuando paramos en una almazara medio artesana de las afueras de Azilal, donde Lahcen se aprovisiona mientras mojamos pan en un delicioso aceite.

Un obrero en una almazara artesana de Azilal coloca las aceitunas dentro de una estera, que luego prensará para extraer el aceite.
Foto Consuelo Amorós


La amenaza meteorológica se disipa con la noche cuando entramos a la iluminada Marrakech. Llegamos un día antes de lo previsto a la riad Alamir, pero conseguimos la misma habitación que reservamos tres días antes. Procede ducharse, cenar ligero y pasear por los alrededores de Jamaa el Fna.

Mañana holgazanearemos, desayunaremos al sol en la terraza de la riad, compraremos algo para regalar y visitaremos el jardin Majorell. Pasado mañana tendremos todo el día para un recorrido turístico.

Detalles del interior del Palais Sebban.
Foto Consuelo Amorós


Cenaremos después en el restaurante del Palais Sebban. A la mañana siguiente vendrá Lahcen para acompañarnos al aeropuerto y despedirse hasta pronto. Ojalá, inch Alá, in šāʾ Allāh.

Patio del Palais Sebban apenas iluminado por la luna.
Foto Consuelo Amorós

jueves, 20 de diciembre de 2012

África. Marruecos. Marrakech. Atlas. Taghia. Viaje con Lahcen Bouredda. Parte III

El matrimonio Amagar en la terraza de su casa de Zaouïat Ahansal contempla por la mañana el paisaje de la derecha.
Foto Sevi Bohórquez


El cielo despejado del fresco amanecer presagia en Zaouïat Ahansal un día soleado. Tras los cerros despunta el alba. La luz violeta dominante del paisaje demora su cambio al cálido amarillo anaranjado, que parece incendiar las casas construidas con tapiales y tierra aldeana rojiza.

Excursión desde Zaouïat Ahansal a Taghia

Desayunamos despreocupados por el transcurrir del tiempo, contagiados por la serenidad del medio. Abusamos sobre todo de los crepés embadurnados de miel. Saboreamos con cierta gula el pan casero caliente empapado en aceite prensado en esteras de almazara tradicional.

Qué sentido tiene ahora, aquí, la prisa. Taghia está a unos 2000 metros, el camino desde Zaouïat Ahansal asciende sólo 300 metros de desnivel y se tarda de dos a tres horas.

Observamos la delicadeza del mulero (arriero), contratado por Lahcen, cuando carga nuestras ligeras mochilas en los serones de su mula. Emprendemos la marcha por el camino (otrora senda) de la ladera izquierda del valle.

Al pasar por encima de la fuente del assif Ahansal caminamos despacio para recrear la vista con el contraste del color de sus aguas limpias al confluir con la turbia y rápida corriente del río, llamado más arriba, en berber, assif Taghia.

Lahcen saluda a uno de sus muchos conocidos que bajan al zoco de Zaouïat Ahansal.
Foto Sevi Bohórquez


Fascinados por cuanto nos rodea, percibimos que la privilegiada compañía de Lahcen nos abre las puertas del afecto del personal de cada gîte y de los reverentes transeúntes que le saludan.

Los caseríos, las pastoras de ovejas y cabras, las algarabías de los pájaros acuciados por las rapaces, el olor de los verdioscuros enebros (iunipĕrus), sus sinuosos troncos centenarios, los campos verdes, las vetas de colores en la tierra roja, el frescor ascendente del murmurador río entre altas paredes de roca caliza, los amarillos otoñales de los nogales, los chopos y los arces que destacan, tanto en el azul del cielo como en la negra roca húmeda de la umbría del río, invitan a entretenerse en el trayecto.

Cruzamos una vez el río a lomos de la mula, otras dos lo vadeamos saltando de piedra en piedra. A pesar de nuestros recreos fotográficos, llegamos a Taghia a mediodía con una luz preciosa.

Llegada al circo calizo del Taghia.
Foto Sevi Bohórquez


Hace unos 30 años estuve con tres compañeros de cordada en esta aldea enclavada en un paraíso calcáreo, para deleite de escaladores. En aquel tiempo vivían allí cuatro familias, prolíficas por cierto. Llegaron a tener más de 10 hijos cada una, según nos contó Mohamed Amagar.

Taghia no ha perdido el encanto pese al aumento de la población, los cruces desordenados de cables y algunas antenas parabólicas. Quizá sea porque sus casas armonizan con el escarpado entorno natural, donde los aldeanos consiguen el material para construirlas, y todo transcurre con la habitual tranquilidad del Magreb serrano.

Al entrar en la gîte de Said Messaoudi saboreamos otro té , con dos jóvenes escaladores belgas que llegaron la semana anterior. Ellos escalaron ayer en el barranco donde queremos entrar. Nuestra intención es deambular por las gargantas rocosas que cierran el valle. Por estos barrancos, secos la semana pasada, se precipitan ahora caudalosas cascadas de agua.

Cena en Taghia con Lahcen (al fondo), Said (derecha) y dos jóvenes escaladores belgas.
Foto Sevi Bohórquez


Al parecer los nubarrones que oscurecen la tarde pretenden desbaratar nuestros planes. Olvidamos consultar por internet en Marrakech el pronóstico meteorológico. Said lo conoce: la llovizna de esta tarde arreciará pronto, nevará esta noche y mañana empeorará la situación.

Dedicamos la tarde, pues, a recorrer las empinadas calles de Taghia mientras lo permite el cielo. Una súbita oscuridad a causa de la densidad nubosa, seguida de un chaparrón sorprendente, aconseja reunirse con Said, Lahcen y los huéspedes belgas para platicar alrededor de una tetera mientras en la cocina preparan la harira (sopa), el tajín y el cuscús de nuestra cena.

Recordamos entonces el proverbio árabe que oímos la primera vez que ascendimos al Toubkal o tizi n'Tubqal: «Si tienes prisa estás muerto». Por el vocabulario y los gestos del pastor que lo expresó entonces, interpretamos que significaba «la impaciencia mata».

Cuando escampa caemos en la tentación de salir del cálido comedor de la gîte con el deseo de ver el cielo despejado antes de acostarnos. Vana esperanza, las nubes apenas iluminadas por la Luna tardía se deslizan rápidas entre las grandes ajugas rocosas. Maldecimos el acierto de las predicciones meteorológicas desfavorables.

Tregua nocturna entre lluvia y nevada.
Foto Sevi Bohórquez


Continúa en Parte IV

martes, 18 de diciembre de 2012

África. Marruecos. Marrakech. Atlas. Taghia. Viaje con Lahcen Bouredda. Parte II


Viaje desde Marrachech a Zaouïat Ahansal.
Foto Sevi Bohórquez


Desde Marrakech a Zaouïat Ahansal

Desvelados por dos llamadas a la oración sobre las cinco de la madrugada recurrimos a la lectura, hasta el aviso para desayunar en el patio de la riad Alamir. Lahcen llegó puntual a las nueve de la mañana, cargamos nuestras mochilas en su furgoneta y emprendimos el viaje.

Al cabo de tres cuartos de hora compramos fruta en el pequeño zoco de Had Ras Aim. A mediodía, cuando llevábamos 166 kilómetros recorridos, llegamos a la pequeña ciudad de Azilal. Comimos en el restaurante Ben Ziyad, al lado izquierdo de la carretera. Una hora después continuamos en dirección sureste.

Lavandera en Aït M'Hamed a las 13:45 horas. Descanso en ladera noroeste del Jbel Azourki una hora después.
Foto Sevi Bohórquez


Lahcen preguntó en la localidad comunal de Aït M'Hamed (Ait Mohamed) por las condiciones de los puertos de montaña. Nadie sabía si la nieve cerraba el paso. Cruzar el Tizi N'llissi (2606 m) nos ahorraría un rodeo de más de 40 kilómetros al norte por la pista de Talmest hacia La Cathédrale. Unos nómadas que se traslaban con su ganado en un camión hacia tierras más cálidas, nos dieron la respuesta positiva que buscábamos.

Entre niebla inconstante y abundante nieve recorrimos despacio la fría ladera noroeste del Jbel (montaña) Azourki, de 3862 m. Sobre las tres de la tarde cruzamos con prudencia el N'llissi. Un kilómetro más abajo terminó el pavimento. La pista, en obras, embarrada, con largos surcos de agua corriente de nieve derretida, quizá llegue asfalta hasta Ahansal el próximo año debido a la potencialidad turística de la zona.

Bajamos hasta Ism Souk (2350 m) o Asumsouk, zoco de nómadas. Paramos, estiramos un poco las piernas y contemplamos una de las cimas de la arista del Azourki.

Pastoras de ovejas y cabras en Ism Souk con una de las cimas de la arista del Azourki al fondo.
Foto Sevi Bohórquez


Poco después de cruzar el río Waoughighit subimos de nuevo, mientras Lahcen nos explicaba que las casas entre enebros centenarios de la ladera izquierda fueron aislados refugios de pastores. Paramos en el siguiente colllado para fotografiar la muralla rocosa noroste del Jbel Aroudane (3359 m) y conversar con tres pastores.

En el trayecto habíamos fotografiado, además de montañas, detalles de una sosegada vida rural en domingo; similar a la de antaño en Andalucía. Olvidados de la prisa occidental, llegamos a Zaouïat Ahansal relajados por completo.

Nos alojamos en la gîte de etape (hospedaje de ruta) de Mohamed Amagar, última casa del pueblo, en el camino a la aldea de Taguia. Su esposa nos trajo al rústico salón-comedor-oficina un té dulce mentolado, aromatizado con una pizca de romero, y un platito de galletas caseras.

Lahcen Bouredda sirve el té de la tarde (foto arriba-izquierda), el de la mañana siguiente (derecha) y destapa el tajín de la cena en Zaouïat Ahansal.
Foto Sevi Bohórquez


Agasajo que distraería la inevitable impaciencia al percibir el olor del pan recién horneado y del suculento tajín de la cena. Después de una entretenida sobremesa nos acostamos, con agradable sensación de cansancio y necesidad de anotar en nuestras «memorias ortopédicas» (cuadernos de papel) los recuerdos de este viaje.

Continúa en Parte III

lunes, 10 de diciembre de 2012

África. Marruecos. Marrakech. Atlas. Taghia. Viaje con Lahcen Bouredda. Parte I

Decidimos pasar en Marruecos del 24 al 30 de noviembre de 2012. Esta vez iríamos al país magrebí para contemplar paisajes, lugares y costumbres con Lahcen Bouredda, el guía que diez meses atrás gestionó nuestro transporte, mulas y arriero-porteador para subir al refugio del Toubkal.

Por la formalidad de su servicio le encargamos de nuevo la logística, tanto de nuestra próxima estancia en Marrakech como del viaje de ida y vuelta a Taguia.


Llegada a Marrakech

Observamos más nieve que de costumbre en la cordillera del Atlas mientras nuestro vuelo de Ryanair aterrizaba en Marrakech, con 20 minutos de adelanto. Retrasamos nuestros relojes una hora, de diferencia con España.

Cordillera del Altas desde Marrachech. Ampliación.
Foto Sevi Bohórquez


Esperamos poco. Nuestro guía, que condujo desde Imlil con abundante tráfico, llegó pronto al aeropuerto. Fuimos entonces a la Riad Alamir, donde estuvimos muy bien atendidos en todo momento.

Tomamos un te a la menta de bienvenida en este acogedor hospedaje mientras Lahcen fue a la mezquita cercana. Devoto fiel a su religión y al rey Mohamed VI Amīr al-Mu'minīn (emir de los creyentes), nuestro amigo bereber debía rezar cinco veces este día.

Patio del la Riad Alamir a medianoche, en Marrakech.
Foto Sevi Bohórquez


Dos horas después cambiamos euros a 10,881 por dirham en una casa de cambios y cenamos en el restaurante Oscar Progrés de la misma calle, Bani Marine, paralela a la bulliciosa Bab Agnaou.

Ambas calles desembocan en la abigarrada plaza Jamaa el Fna, donde paseamos frenados por el gentío entre puestos de artesanía colorida, aromáticas especias, aceites de argán fragantes, vistosas frutas, vaporosos chiringitos de comida, maquilladoras de manos, encantadores de serpientes, aguadores típicos, exóticos músicos y saltimbanquis.

Continúa en Parte II

martes, 25 de septiembre de 2012

Asia. China. Tibet. Himalaya. Exploraciones. Montañas vírgenes. Sichuan occidental. Yunnan. Expedición Otoño 2012. Tamotsu Nakamura. Parte I




Plan 2012 Sichuan Oeste (China)
Por Tamotsu Nakamura

La situación política en el Tíbet es incierta y sensible. Como a ningún extranjero se le permite entrar este año en las zonas remotas de mi campo (este del Tíbet), en su lugar organizo un equipo de personas mayores del Club de Montaña Hengduan (T. Nakamura, T. Nagai, T. Shintani) para visitar las tierras altas occidentales de Sichuan y Yunnan desde finales de septiembre a finales de octubre.

En Sichuan, exploraré el inescalado macizo Gangga al sur de la ciudad de Ganzi durante dos semanas. Del macizo del Gangga de la cadena Shaluli Shan en el Sichuan occidental informó por primera vez el precoz oficial consular británico y explorador Eric Teichman, que viajó a través de las tierras altas en 1918.

No es un macizo montañoso grande y sus alturas tienen más o menos 5.500-5.600 m. Como Teichman admiró, sin embargo, tiene muchos picos de roca magníficos y desafiantes que deberían atraer a los escaladores. Todos los picos están intactos y siguen sin hollar.

Mi plan Otoño 2012 es explorar e identificar picos con el propósito de introducir estas montañas menos conocidas y poco frecuentadas a los lectores extranjeros en las noticias del próximo Japanese Alpine News. Véase abajo cuatro fotografías tomadas desde Ganzi.

En el sur de Yunnan-norte de Laos, invertiremos varios días en volver sobre los pasos de la expedición francesa del siglo 19 al río Mekong.



Los picos de las fotos de arriba (ca. 5.500-5.600 m) permanecen inescalados.

Informe original en inglés English Report

Continúa en Parte II

lunes, 24 de septiembre de 2012

España. Andalucía. Asociación Andaluza de Escaladores




La Asociación Andaluza de Escaladores (AAEE) surge como respuesta a las últimas regulaciones y prohibiciones propuestas por las delegaciones de Medio Ambiente —sin contacto directo con la comunidad escaladora— en diversas zonas de escalada de Andalucía.

Cincuenta escaladores de Málaga, Almería, Granada, Jaén, Sevilla y Cádiz reunidos en Álora (Málaga) el pasado 25 de agosto acordaron crear la Asociación. La Junta Directiva está compuesta por presidente, secretario y ocho delegados, uno por cada provincia de la Comunidad Andaluza.

La AAEE pretende una colaboración bilateral con la Federación Andaluza de Montañismo, para representar a los escaladores (sean federados o inafialiados) ante regulaciones, prohibiciones y conflictos que surjan en las zonas de escalada andaluzas.

Más información en Desnivel.com, que publicó esta noticia el 18 de septiembre de 2012, con enlaces a la web de la AAEE, sus estatutos y ficha de inscripción.

Comunicaciones personales (c.p.) y agradecimientos

Raimundo García del Moral, secretario de la Asociación Andaluza de Escaladores

jueves, 20 de septiembre de 2012

Europa. Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo. Defensa de la escalada tradicional.


Escalada en la vía Cachondeos. Cresta del Gallo. Murcia. 1982. Esta vía fue sobreequipada después con spits, luego con parabolts y un descuelgue al final de la fisura. Hoy tiene anclajes químicos, y dos descuelgues casi en el mismo lugar.
Foto Pepe Franco


La UIAA en defensa de la escalada tradicional

La Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA) aboga por La Preservación de la Roca Natural para la Escalada de Aventura. Como publica Desnivel.com, tal defensa tiene por objeto «conseguir un buen equilibrio [...] entre [...] la escalada deportiva y la escalada tradicional.»

En los comentarios o respuestas a la noticia percibimos en algunos remitentes cierto desconocimiento sobre escalada tradicional. También notamos falta de distinción clara entre dificultad, riesgo y peligro. Parece que hubiéramos retrocedido a principios de la década de los 80 del siglo pasado, cuando en España era raro el escalador que lo distinguía. Aterroriza pensar cuántas vías clásicas serán transformadas aún para escalada deportiva debido a la carencia de nociones tan básicas.

Aunque nos guste ambos tipos de escalada, convendría recordar con frecuencia —por todos los sistemas de comunicación a nuestro alcance— que el patrimonio de vías clásicas acabará destruido si persiste la ignorancia de algo fundamental: en la escalada tradicional asumimos las limitaciones del medio al asegurarnos; contrarrestamos el riesgo con pericia, experiencia o ingenio. En esta sencilla concepción debería basarse la restauración de vías abiertas con escalada tradicional. Al parecer lo uno y lo otro todavía queda lejos del entendimiento de quienes siguen desvirtuando itinerarios motu propio. Lo lamentable es que sea con subvenciones de algunas federaciones regionales de deportes de montaña y escalada.

Véase Diferencias entre escalada tradicional y escalada deportiva. Véase además Once recomendaciones para las federaciones y Código VARN de riesgo para la escalada, publicado en Desnivel.com

viernes, 25 de mayo de 2012

Himalaya. Tibet. Exploraciones. Montañas vírgenes. The Final Frontier-Alps of Tibet. Nuevo libro de Tamotsu Nakamura


La editora Tokyo Shimbun acaba de publicar el cuarto libro en japonés de Tom Nakamura, The Final Frontier-Alps of Tibet. Tiene tapa dura, formato A5, 480 páginas, 26 mapas y 80 páginas de fotos en color con texto en inglés en sus pies.

Es más preciso decir 161 fotos en color, 50 en blanco y negro, 74 mapas en blanco y negro, 4 croquis pequeños, 1 ortofoto y 1 croquis cartográfico general desplegable (tríptico de 37 cm ancho x 20,5 cm alto) en color.

Véase la tabla de contenidos en inglés y los dos próximos libros del autor.

Véase además, Last frontier of climbing lures foreign mountaineers, by Alexandra Petri and Steve Hubrecht, publicado el 12 de junio de 2009 en China Daily US Edition.

Comunicaciones personales (c.p.) y agradecimientos

Tamotsu (Tom) Nakamura

miércoles, 7 de marzo de 2012

Andes. Perú. Huaraz. Cordillera Blanca. Cultura. Cine documental. Revista Peripheria. Proyecto Peregrina. Carlo Brescia. Entrevista

Peripheria era una revista cultural que además de circular por la capital del andinismo peruano, Huaraz, se encontraba en los lugares más insospechados del país. Sus variados contenidos aún entretienen y revelan detalles cotidianos inadvertidos a muchos investigadores, andinistas, viajeros, turistas y lugareños. Cualquier lector consciente de la coyuntura del Perú entre 2005 y 2008 podía percibir el gran esfuerzo del editor, Carlo Brescia.

Carlo Brescia
Foto: Archivo Carlo Brescia


Entrevista a Carlo Brescia
entrevista completa

Carlo, ¿por qué decidiste editar la revista Peripheria?

Porque quería dar a conocer temas que me parecían importantes, tanto para la gente que vive en Huaraz como para la que nos visitaba. Por eso se publicaba en inglés, en castellano y en los últimos años en versión electrónica.

La publicación tenía tres objetivos. Uno era comunicar las experiencias de proyectos de desarrollo en la zona. Por lo general no hay en el departamento de Ancash muchos espacios para este intercambio de saberes.

Otro objetivo era transmitir el conocimiento generado por las personas que nos visitan desde universidades extranjeras. Vienen antropólogos, arquéologos y otros investigadores, se quedan meses, pero muy pocos de sus estudios llegan después a Perú.

El tercero fue compartir experiencias de tendencias culturales y relatos de aventura o de escaladas en la Cordillera Blanca. De las entrevistas a andinistas y los artículos sobre andinismo surgió un cuarto objetivo: divulgar información sobre las rutas de escalada en roca de la zona.


Revista Peripheria, nº 8 2007
Imagen: Carlo Brescia


¿Por qué dejaste de publicar la revista?

Después de trece ediciones, desde el 2005 hasta el 2008, el esfuerzo fue enorme y el beneficio económico mínimo. No tenía presupuesto para contratar un equipo que me apoyara. También tenía otras prioridades.

No hay mucha cultura de auspicio ni de lectura de este tipo de publicaciones en la ciudad de Huaraz. Además, yo lo hacía casi todo: decidir los contenidos, conseguir auspicios, cobrarlos, redactar artículos, traducirlos, diseñar, fotografiar… era agotador.

Era demasiado idealista pretender mantener una línea editorial independiente, que en el Perú es muy difícil. Pero las satisfacciones fueron enormes. En un futuro me encantaría lanzar una segunda época de la revista. Espero que este año podamos sacar al menos una edición sobre Chavín.


Prácticas de rescate y autorescate de guías y aspirantes a guía de alta montaña, en la quebrada Llaca de la Cordillera Blanca peruana.
Foto: Koky Castañeda


¿Cuál es tu relación con el andinismo?

Impartí un par de cursos de gestión en la Casa de Guías de Huaraz. Conozco de cerca a varios guías y andinistas locales. Incluso he escalado tanto con andinistas de Lima y Arequipa como con Guías de Alta Montaña. Subí a los nevados Urus y Maparaju por motivos cinematográficos. Al Ishinca y Chopicalqui, mi primer y único seis mil, subí por placer.

No me considero andinista, pero sí entiendo que comparto algunas cosas con la gente que escala. Me parece que es el amor por la naturaleza, la búsqueda de los grandes espacios abiertos y la admiración por los macizos de roca y hielo.


Cartel del documental Llupa
Imagen: Carlo Brescia


¿Cuáles son tus experiencias cinematográficas más destacadas en las cordilleras del norte del Perú?

Empecé a filmar en la montaña en el 2007. Para realizar un cortometraje sobre la gente del poblado de Llupa que trabaja como auxiliar de montaña, fuí con suficiente personal y equipo al nevado Vallunaraju; de 5686 metros. Grabamos a Oscar, porteador, y a su hermano Hilario, cocinero de alta montaña, en el pueblo, en el campamento de la morrena y en el glaciar. El cortometraje ganó ese mismo año el premio a la Mejor Producción Peruana en el III Inkafest.

El 2010 subimos al Maparaju (5326 m) para filmar una secuencia del documental Yaku Patsa/Mundo de agua. La secuencia contaba la perspectiva de un guía oficial de alta montaña, José Reyes Tueros, sobre lo que significaba llevar a clientes a los nevados y cómo afectaba a su trabajo el cambio climático o el retroceso glaciar.

El 2011 filmé otra vez en el Vallunaraju. Quería registrar el curso de seguridad y rescate en alta montaña. Fue una locura. Aquí trabajé también como cámara. Tenía dos guías como asistentes de producción, con los que iba de un frente de instrucción a otro en la quebrada de Llaca. Había estado antes un mes completo en Lima y fui a Huaraz para filmar el curso.

De la estación de autobuses subí a la quebrada, y al tercer día al Vallunaraju. Incluso tuve soroche a 5000 metros: estaba exhausto por las filmaciones sobre escalada en roca los días anteriores, me dio un dolor de cabeza terrible. Vomité sosteniendo la cámara. Pero, bueno, no siempre se tiene la oportunidad de filmar a 80 personas en alta montaña entrenándose para rescate en paredes. Quedé contento con las tomas.

También he filmado en otras quebradas de la Cordillera Blanca: en Ulta, Potaca, Quilcayhuanca, Purhuay, Alhuina y Carhuascancha.


Cartel del documental Yaku Patsa
Imagen: Carlo Brescia


¿Cuáles son tus inquietudes actuales?

Estoy trabajando el proyecto Peregrina, que combina muchos de mis intereses personales y profesionales. Es un video-danza, un género audiovisual, donde exploraré con otros compañeros, a través del cine y la danza, cómo se relacionan el cuerpo, la mente y el espíritu con los paisajes naturales y culturales. Es la puesta en escena de una peregrinación desde el complejo arqueológico El Brujo hasta el centro ceremonial de Chavín.

Quiero comunicar a través de las culturas ancestrales de los Andes un respeto hacia la naturaleza. Esto es algo muy necesario actualmente porque, si bien tenemos un desarrollo económico a base de la extracción de nuestros recursos naturales, la educación, la salud y la ética parece que retroceden y cada vez se respeta menos el patrimonio natural y cultural.

Es mi proyecto más ambicioso en todo sentido. Ahora está en su campaña de financiación y optamos por varias estrategias. Una de ellas es el crowdfunding o financiación colectiva a través de micro mecenazgos.


Prácticas de rescate y autorescate de guías y aspirantes a guía de alta montaña, en el glaciar del nevado Vallunaraju (5686 m) de la Cordillera Blanca peruana.
Foto: Koky Castañeda


¿Qué recomiendas para rodar en las cordilleras peruanas?

Todas mis recomendaciones tienen igual importancia. Primero, llevar uno o dos guías de montaña. Esto estará en función de la cantidad de participantes en el rodaje. Esos guías deben encargarse de la seguridad en todo momento.

Segundo, antes de subir a filmar hay que repasar con el guía o los guías el plan de rodaje día por día, secuencia por secuencia, para determinar cuánto es posible rodar en una mañana, en una tarde o en un día. Hay que considerar el clima también. No es igual filmar en temporada de lluvias que en temporada seca. En la seca no todos los días son despejados. Del plan de rodaje saldrán todos los requerimientos de seguridad: cantidad de cuerdas, cascos, arneses, piolets, linternas frontales, etc.

Hay que determinar cuántos porteadores serán necesarios para llevar todo el equipo técnico. Existen formas seguras de escalar y filmar que debemos tener en cuenta; ignorarlas sería negligente. Con falta de presupuesto para contratar guías, personal auxiliar y equipos es mejor no subir. Al alquilar material de montaña en una agencia es preciso ir con el guía para que lo revise.

Tercero, es aconsejable conocer la montaña en la que se rodará. Si se quiere filmar una escalada en el Alpamayo, hay tener en cuenta que algunas secuencias de detalles se pueden rodar en un nevado más seguro. Resultará más económico.

Cuarto, hay que seleccionar bien y preparar al equipo de filmación. Debe subir aclimatado y en buen estado físico. Subir montañas requiere estar en forma y haber descansado días antes. Se puede contratar personas que viven en el Callejón de Huailas, conocen las montañas y se dedican al audiovisual.

Quinto, hay que obtener derechos de filmación para filmar en un área natural protegida del Parque Nacional Huascarán de la Cordillera Blanca. Por esos derechos hay que pagar 350 Nuevos Soles, casi 100 euros o 140 dólares. También hay que considerar los posibles impactos al ecosistema que podría tener la filmación, minimizarlos y seguir todas las recomendaciones del Parque.


Ejemplares de Peripheria en *.pdf

Peripheria, nº 8, julio, 2007 (5,9 Mb) Peripheria, nº 9, septiembre, 2007 (5,7 Mb), Peripheria, nº 10, diciembre, 2007 (5,9 Mb), Peripheria, nº 11, junio, 2008 (22 Mb), Peripheria, nº 12, agosto, 2008 (24,4 Mb) Peripheria, nº 13, septiembre, 2008 (40,5 Mb)

Es posible que a partir de mediados de marzo dispongamos de versiones digitalizadas de estos ejemplares de la revista con mayor calidad.

jueves, 1 de marzo de 2012

Himalaya. Tibet. Nyaiqentanglha Oriental. Yi'ong Tsangpo. Glaciar Jiangpu. Exploraciones. Montañas vírgenes. Expedición Otoño 2011. Tamotsu Nakamura. Tsuyoshi Nagai. Tadao Shintani. Parte IV

Cara este del Song Ri Mai 6000 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Los glaciares de Nyaiqentanglha Oriental

Los glaciares de la cordillera Nyainqentanglha Oriental son de tipo oceánico. En cuanto a su número y área de superficie son más grandes que los de la Nyainqentanglha Occidental.

En la Occidental los glaciares sólo se han desarrollado en las inmediaciones de las cimas de las montañas, mientras en la región de alrededor de 200 km entre Lhari y Qingdou de la Nyainqentanglha Oriental se encuentra el 30% del área total de glaciares de las grandes cordilleras del este.

Principales glaciares de la región entre Lhari y Qingdou de la cordillera Nyainqentanglha Oriental.
Imagen: Tamotsu Nakamura


Los glaciares más grandes del este de Tíbet se encuentran al norte y en el noreste de la parte baja del Yi'ong Tsangpo. En 1989 la Academia de Ciencias de China llevó a cabo el primer estudio de campo e investigación. Desde entonces ningún extranjero ha puesto el pie sobre el glaciar.

De acuerdo con Introducción a los glaciares de China, escrito en chino y publicado en 1988 por el Instituto de Glaciología y Geología de Langzhou, de la Academia de Ciencias de China, en Nyainqentanglha hay 2905 glaciares con una superficie total de 5895 km². Esto corresponde a casi el 7% del área total de la sierra. Sumados a los 1638 km² del Garpo Kangri, el total de superficie de los glaciares se eleva a 7536 km². Así, la región ocupa el cuarto lugar entre las doce regiones glaciares de China.

Principales glaciares de la cordillera Nyainqentanglha Oriental.
Imagen: Tamotsu Nakamura


La superficie total es 1,7 veces mayor que la de los Alpes europeos. Muchos de ellos terminan en lagos glaciares pequeños o grandes. Recientes fotos satelitales muestran que los nuevos lagos glaciares ni siquiera están marcados todavía en los mapas topográficos rusos.

El Yi'ong Tsangpo es tributario importante del Yarlung Tsangpo —Brahmaputra en su parte superior— que se une a otro tributario, el Parlung Tsangpo, en Tangmai, al norte de la Gran Curva del Tsangpo, y fluye hacia la corriente principal del Yarlung Tsangpso. Cerca de aquí la cordillera Nyaiqentanglha Oriental recibe la corriente de aire húmedo que sopla por la garganta del Tsangpo desde la Bahía de Bengala.

Cara norte de picos ca. 5500 m-5800 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Esa corriente causa en las montañas fuertes lluvias que favorecen el desarrollo de los glaciares. En las zonas de los valles el promedio anual de precipitaciones es más o menos 1000 mm y en la zona de alta montaña alcanza de 2000 a 3000 mm. Por esto la mayoría los glaciares de la región Nyainqentanglha Oriental son en la actualidad los más desarrollados del Tíbet. Muchas terminaciones de glaciares bajan hacia zonas forestales.

Cara norte del pico ca. 5700 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Cara este del Song Ri Dui 6060 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Cara suroeste del Tiba Kangri 6846 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Gyala Peri 7294 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Cara oeste del Namcha Barwa 7782 m.
Foto: Tamotsu Nakamura

Himalaya. Tibet. Nyaiqentanglha Oriental. Yi'ong Tsangpo. Glaciar Jiangpu. Exploraciones. Montañas vírgenes. Expedición Otoño 2011. Tamotsu Nakamura. Tsuyoshi Nagai. Tadao Shintani. Parte III

Bosques de coníferas sobre la corriente del Yi'ong Tsanpo.
Foto: Tamotsu Nakamura


A través de la jungla tibetana

La corriente del Yi'ong Tsangpo no bajaba tan clara este año como en un año normal, debido a constantes lluvias fuertes. Sin embargo los primitivos bosques de coníferas estaban hermosos y las grandes quebradas impresionantes.

Frank Kingdon-Ward escribió en su libro de viaje de 1935, Assam Adventures (Londres, edc. 1942), que la garganta del río Yi'ong era más espectacular que la corriente del principal río Yarlung al que tributa. Aquél es un río caudaloso que corre terrible y espectacular a través de su garganta.

Uno de los objetivos de nuestra expedición, de otoño 2011, era trazar un camino olvidado de Bake a Niwu. En medio están las quebradas intransitables que demarcan el Yi'ong Tsangpo inferior y el superior.

Recorrido de Frank Kingdon-Ward en 1935. En el noreste de su mapa señala los picos Namcha Barwa (25445 pies), Sanglung (23108 pies) y Gyala Peri (23458 pies) al este de Lunang.
Imagen: Tamotsu Nakamura


A excepción de los pocos pobladores locales, sólo Kingdon-Ward había pasado por este camino en 1935. En la actualidad un monje de Bomi intentó ir de Bake a Niwu, este año 2011, pero renunció al reto porque era demasiado peligroso. No obstante todavía manteníamos nuestro gran interés por las gargantas formidables.

Para el segundo objetivo de explorar el glaciar Jiangpu, el 18 de octubre instalamos nuestra base en una de las 11 casas familiares de Kongpo en la aldea tibetana de Wopu. La carretera terminó aquí. La casa fue recientemente construida con subsidio del gobierno local. Desde esta aldea se estrecha el valle y empieza la extenuante selva tibetana.

Organizamos una caravana de ocho caballos (no mulas), ocho arrieros y porteadores, incluido una joven monja muy alegre, y dejamos el poblado de Wopu a las 10:00 horas del 20 de octubre.

Tamotsu Nakamura junto a la joven monja que se unió a la caravana en la aldea de Wopu.
Foto: Archivo de Tamotsu Nakamura


Entramos pronto en una selva, y llegamos a un monasterio deshabitado con dos casas tibetanas. El camino se convirtió repentinamente en roca, barroso, áspero, con altibajos, obstaculizado por enredaderas espinosas y árboles caídos.

Con pesados machetes tibetanos, los arrieros lucharon por abrir el camino, obstaculizado por árboles yacentes, para que los caballos pudieran pasar. Uno de los arrieros, pateado por el caballo, cayó por una pendiente empinada y resultó gravemente herido.

Arriero con machete tibetano.
Foto: Tamotsu Nakamura


El rastro se perdía a menudo entre pequeños vapores. Cabalgar era tan peligroso que tuvimos que caminar casi todo el camino. La caravana por la jungla resultaría más difícil que las ascensiones. Acampamos a 2940 m (Campo 1) en un potrero pequeño rodeado de espeso bosque.

Al día siguiente caminamos por un sendero incómodo hasta el Campo 2, a 3200 m. La caravana encontró más dificultades que la jornada anterior. El rastro desapareció de repente por encima del Campo 2, que estaba situado cerca de la cara este del Sang Ri Mai (ca. 6000 m) en el margen izquierdo del valle de Wopu.

El húmedo campamento estaba rodeado de árboles altos y densos, que impedían ver hacia el norte el Glaciar Jiangpu. Awang subió con algunos de los arrieros más allá de la selva para buscar un punto de observación adecuado sobre el glaciar. Encontraron un buen lugar a 3240 metros, que tenía una caída vertical cubierta de arbustos hacia la orilla del río, no lejos del término del glaciar.

Arrieros, porteadores y monja a 2940 m en el Campo 1.
Foto: Tamotsu Nakamura


La meteorología no nos favoreció. Desde el 15 de octubre no tuvimos días de buen tiempo. El clima en la parte inferior del Yi'ong Tsanpo es generalmente inestable, pero 2011 fue algo extraordinario con demasiados días nublados y lluviosos.

El 24 de octubre llegó el buen tiempo, por fin, pero sólo por un par de horas por la mañana. Corrimos hasta el mirador, jadeando por la selva sin huellas, y pudimos estar en el momento de tener una visión velada completa de la parte inferior del glaciar Jiangpu y del inspirador Jongpu Po Rong 6570 m en una mañana soleada.

La cara sur de los picos gemelos rocosos dominantes se disparó en la cabecera del glaciar. Los tres glaciares superiores se unen desde el noreste, el norte y el noroeste, a unos 4200 metros, y corren en dirección sureste para formar la parte inferior del glaciar.

Vertiente sur del Jongpu Po Rong 6570 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Dos terceras parte de los ocho kilómetros de largo del glaciar inferior es de del tipo cubierto de bloques rocosos y detritos. El glaciar Jiangpu, con 21 kilómetros de largo y una superficie de 132,7 km², es el segundo más largo y grande al lado del glaciar Qiaqing en Nyaiqentanglha Oriental.

Desde el mirador podíamos ver las caras orientales de dos desafiantes picos de 6000 m, el Sang Ri Dui 6060 m (norte), el Sang Ri Mai ca. 6000 m (sur), y otros entre 5700 y 5800 m que van hacia el norte.

Vertientes orientales del Song Ri Dui 6060 m (izquierda) y del Song Ri Mai ca. 6000 m.
Foto: Tamotsu Nakamura


Sigue en Parte IV: Los glaciares de Nyaiqentanglha Oriental

miércoles, 29 de febrero de 2012

Himalaya. Tibet. Nyaiqentanglha Oriental. Yi'ong Tsangpo. Glaciar Jiangpu. Exploraciones. Montañas vírgenes. Expedición Otoño 2011. Tamotsu Nakamura. Tsuyoshi Nagai. Tadao Shintani. Parte II

Lago Yi'ong.
Foto: Tamotsu Nakamura


Doce días en blanco (ilocalizados) entre la jungla tibetana

Hacía año y medio que reconstruyeron las carreteras desde el lago Yi'ong al poblado de Bake, a lo largo de la parte baja del Yi'ong Tsangpo.

El día 17 nos fuimos directamente a Bake, que originalmente consideramos nuestra base para las exploraciones. Sin embargo, tan pronto como llegamos a este poblado, la policía nos ordenó volver para registrarnos en la PSB del condado de Bomi.

Cuenca de la parte baja del río Yi'ong.
Imagen: Tamotsu Nakamura


La expedición habría terminado si hubiéramos ido a la PSB de Bomi, porque esta oficina de la prefectura nunca nos permitiría volver para ingresar al Yi’ong Tsangpo. Frente a un momento tan crucial, la capacidad de nuestro guía tibetano Awang fue muy discreta.

No era fácil abandonar nuestro plan de explorar la cuenca baja del Yi'ong Tsangpo, por mi obsesión de dar a conocer los picos desconocidos y los glaciares de la región. Así que no fuimos a Bomi.

Recorrido de la expedición Otoño 2011 por el Yi’ong Tsangpo prohibido.
Imagen: Tamotsu Nakamura


Pedí a Awang que nos llevara hacia el glaciar Jianpu marchando hacia un gran valle ramal de Wopu. En esta aldea instalamos nuestra base.

El glaciar Jiangpu es uno de los glaciares más grandes del tipo valle en desarrollo al lado norte del Yi'ong Tsangpo, donde están agrupados la mayoría de los desconocidos y vírgenes picos de 6000 m de Nyainqentanglha Oriental.

Itinerario hasta el glaciar Jiangpu a través de la jungla tibetana.
Imagen: Tamotsu Nakamura


Seis días de caravana de caballos desde el poblado de Wopu nos dio un resultado muy valioso para acceder al glaciar Jiangpu, y unas magníficas vistas de los picos de 6000 m sobresalientes que lo rodean.

Jongpo Po Rong al fondo del glaciar Jiangpu.
Foto: Tamotsu Nakamura


Después de 12 días de exploraciones clandestinas, Awang recibió una llamada telefónica de su agencia de viajes en Lhasa porque la PSB de Nyainchi estaba nerviosa por tres japoneses ilocalizados.

Nuestro guía debía aparecer e informar pronto en esa oficina de seguridad de Nyainchi. Un cabeza de la PSB, llamado Khamba, exigió a Awang que explicara los detalles de cada uno de los 12 días.

Dotado de talento excelente, Awang inventó una historia coherente de nuestra docena de jornadas; sin referir al hecho de que habíamos estado fuera de la ruta 318. Awang fue finalmente liberado después de tres convocatorias de la Oficina de Seguridad Pública de la prefectura de Nyaichi.


Sigue en Parte III: A través de la jungla tibetana